Pablo Llonto (Metaprensa), desde Mar del Plata.- Los versos irónicos de la vieja canción cubana de Carlos Puebla parecieron recrearse en la IV Cumbre de las Américas. Correspondería cambiar tan sólo una palabra de aquella estrofa "la OEA, esa cosa tan fea/tan fea que causa risa". "Cumbre" reemplazaría a OEA y todo seguiría igual, como cuarenta años atrás.
Estados Unidos pretendía una Cumbre similar a aquella OEA de los 60. Sumisa, expulsadota de Cuba, obediente a la Casa Blanca.
Y fue una Cumbre que dio risa. Risa por los papelones que pasaban los voceros de prensa tratando de explicar, hora tras hora, que Bush no lograba imponer su texto. Risa por los intentos -como el de Fox - de hacerse el guapo amenazando con firmar un documento con 29 países y no con 34. Risas porque el mexicano, en su desesperación, atacaba también a Maradona.
A las 12.30 del sábado 5 de noviembre, cuando el canciller Rafael Bielsa debía anunciar en conferencia de prensa el final de la cita y dar lectura al documento final, centenares de periodistas aguardamos su llegada en vano. En esa larga espera, las pequeñas grietas de la información dejaron filtrar los rumores. Que los almuerzos se estaban suspendiendo porque los presidentes, divididos, estaban enojados entre ellos, que Tabaré se volvía a Montevideo, que Chávez se peleaba con Toledo, que Kirchner pedía que "no nos patotearan".
La prueba más evidente de que Bush era derrotado fue la partida de su avión llevándoselo a Brasilia, mientras el plenario continuaba. “¿Es que dejó su firma en un papel en blanco?”, nos preguntábamos los periodistas. Algo cómico estaba sucediendo.
Desde el primer día se sabía que los delegados yanquis y proyanquis iban de un lado a otro diciendo que el Bloque EEUU-México-Canadá, al que acompañaban 23 países, no lograba que el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) más Venezuela se sumaran a una declaración, que si bien contenía frases hechas y bondadosas sobre empleo, combate a la pobreza y otras gentilezas mas, incluía la tramposa propuesta para que el Tratado de Libre Comercio (sueño de los Estados Unidos desde 1995) siguiera en la mira del continente. La frase de Chávez, lanzada en el estadio un día antes ("Mar del Plata será la tumba del ALCA") había dado resultado: Bush y sus aliados no podían permitir que el venezolano se llevara el trofeo mayor.
Y perdieron. Chavez se convirtió, no sólo en el gran protagonista, sino en el vencedor absoluto, opacando el rol de Kirchner quien, corrido esta vez levemente a la izquierda, pretendió subirse a un rol de líder que, como siempre, le queda muy ancho y muy ajeno.
Alguno podrá molestarse porque el título elegido para este comentario no sea "gran bofetada a Bush". Es que nos resulta exagerado y alejado del marco político real, aventurarnos por un camino triunfalista. Ni Lula, ni Tabaré, ni Kirchner, ni Duarte Frutos pretendían derrotar, y mucho menos humillar, a Bush. Los cuatro del Mercosur intentaron preservar la imagen de "soberanos" que, en base a una irregular dialéctica, fueron construyendo en estos años. Se sabe: bajo el disfraz de algunos discursos para la tribuna y embalados por encuestas que señalan que las mayorías populares no estaban de acuerdo con enrolarse a ciegas tras el ALCA, el cuarteto simula ser independiente. Mientras tanto, negocian y aceptan indicaciones de los grandes centros del comando mundial. O sino veamos las cifras que se pagan al FMI mientras Venezuela, al menos, reclama dejar de pagar el 10 por ciento de la deuda.
¿Ello significa que no rescataremos la imposición de un párrafo que no agradaba a Bush en el documento final? Nada de ello. Las cosas por su nombre. Si en la Cumbre del 2001, en Quebec, la solitaria Venezuela había realizado una reserva contra el ALCA, este palo sobre la cabeza del liberalismo que se colocó hoy en Mar del Plata, bien vale una mención destacada. Cuatro países tuvieron sus "15 minutos de gloria". Quince. Hace mucho tiempo que no se escuchaban historias como estas, sucedidas atrás de los cortinados del Hotel Hermitage:
• El vicepresidente de Panamá se convirtió en el profiláctico de Bush a fin de introducir, en la última jornada, jugando a las escondidas, la cuestión del ALCA en el documento final.
• Bush admitió su derrota al irse antes del final de las discusiones, dejando la orden de que EE.UU. aprobara al menos un documento, aún con ciertas concesiones.
• El vicepresidente de Panamá también abandonó la Cumbre para volver a su país, sin siquiera defender su propuesta hasta el final.
• Toledo, el presidente peruano, se puso la camiseta del Norte para hablar de Chávez como un populista.
• Los discursos de Lula, Tabaré y Kirchner agradaron tanto a Chávez que los llamó los mosqueteros y califico sus acciones como "brillantes luchas de esgrima".
• Los 4 del Mercosur llevaron adelante la táctica de no aceptar el párrafo sugerido por Panamá, a no ser que estuviese acompañado por un párrafo propio: que algunos países consideran que aún no están dados los tiempos para el ALCA.
La Cumbre de las Américas llegó así a su fin. Una batallita, pequeñita, al menos. Pero con Cuba nuevamente excluida y una actitud, aun vergonzante, de la casi totalidad de los presidentes que, cuarenta años más tarde, no tienen los cojones -salvo uno- para plantarse frente al War Criminal (seguimos con el Maradona dixit) y obligarle a anular la prohibición de ingreso de los cubanos, cuando cuatro países del Caribe "democráticos" admiten en sus constituciones que son apéndices de la Corona Británica. Esa es la Cumbre de las Américas. Una risa más entre otras risas.